Febrero 20, 2026
No regreses siendo la misma.
Solo bastó decírmelo una vez al cruzar el portón de la casa, yendo a un peregrinaje de 40 kilómetros que hice desde Villa Nueva, Santander hasta el municipio de Páramo. Salimos a las 7:30 de la noche con un grupo de aproximadamente 12 personas y llegué sola a las 5:02 de la mañana del día siguiente bajo un aguacero apoteósico.
Ya bajo estas condiciones es difícil regresar siendo la misma pero habiendo tenido suficientes días para integrar y reflexionar, he concluido que las características de la experiencia o vivencia no tienen nada que ver con que nosotros cambiemos o no. La intencionalidad es un aspecto fundamental.
Veo en mí y a mi alrededor cómo pandemias, enfermedades, grandes sustos, accidentes, pérdidas profundas, películas, libros y relaciones nos cambian por un ratico.
Luego volvemos a ser lo que éramos antes.
¿Nos ha faltado intencionalidad? ¿Nos ha faltado decirnos, casi como una orden, no regreses siendo la misma?
Despertarme todos los días y existir es un peregrinaje, una manera de estar en el mundo. Es todo un acontecimiento que, por lo menos yo, tiendo a dar por sentado y necesito una gran aventura o una experiencia extraordinaria para meterle este tipo de intencionalidad como lo fue este peregrinaje.
Sin embargo, llevo tres semanas diciéndome esto antes de salir de la cama: “a esta cama no regreses esta noche siendo la misma”. Ha sido maravilloso y por eso lo quiero compartir.
Ha significado conectar mucho más con el simbolismo de la vida y sus sincronías.
Ha sido meterle intención a cada interacción cotidiana y “simple” en el que implícitamente doy el permiso a ser cambiada. Ha sido flexibilidad, asombro, humor, reflexión, corrección y enamoramiento.
Te pregunto:
¿Cuándo fue la última vez que sientes que experimentaste un cambio en ti?
¿Anoche te metiste a la cama siendo la misma persona que la que salió por la mañana?
Te quiero y te agradezco profundamente por leerme,
Ana
Recomiendo esta charla de mi querido amigo Ish y su Modo Peregrino. Escucharla se sintió como un gran regalo para mi alma y me ayudó a hacer sentido al peregrinaje en sí y a, como decimos con Ish, lo impalabrable (algo imposible de poner en palabras). La escuchas aquí.