Septiembre 28, 2026

LA FRAGILIDAD COMO POSDATA

Estos meses, ha sido el hueso el que me ha masticado a mí: el hueso de la fragilidad. Me ha masticado tanto que no fui capaz de escribir nada en Agosto. 

El detonante fue el terremoto que ocurrió en Colombia el pasado 10 de agosto a las 7:34 am. La tierra, sirviendo tantas veces como una herramienta de anclaje y lugar seguro en psicoterapia, se sacudió, “nos traicionó”, se movió sin aviso y sin permiso dejando muertos, desaparecidos, trauma y una memoria en el cuerpo que se manifiesta en la mayoría de los casos como contracción. 

¡Qué terroríficamente frágil somos!

En esos días terminé el proceso de casi un año de acompañamiento a la JEP con las víctimas y los comparecientes de los mal llamados “falsos positivos” de Antioquia en medio de un ambiente político que desvirtúa y deslegitima la paz y la justicia restaurativa. Un personaje de turno en la presidencia estornuda y el trabajo de años se cae como fichas de dominó. Carece de sentido, carece de peso, carece de apoyo. (Uff, se me hacen agua los ojos) 

¡Qué frágil que es una justicia que atiende los vínculos y la humanidad! 

Qué invencibles nos sentimos como humanos cuando nos ubicamos en la punta de la pirámide sometiendo, extrayendo y domesticando. 

Qué poderosa se siente la guerra, las armas, la violencia justificada cuando no somos los que ponemos los muertos. 

Ante esta fragilidad, me repito una y otra vez la misma pregunta: ¿cómo honro a aquellos a quienes el sufrimiento los está atravesando en este momento? A los que quedaron debajo de los escombros, a los que lo perdieron todo, a los que se les diluye por entre los dedos la esperanza de recibir verdad. 

Espontáneamente me surge la respuesta: “encarnando el gozo”. Pero sé que no es suficiente. 

Así que mientras me ubico, ocupo mi lugar en co-relación a todo y hago de la filosofía sudafricana ubuntu un credo. 

Ahora te pregunto ¿te ha mordido la cola la fragilidad?, ¿cómo la transitas?, ¿cómo te transforma?

Te abrazo, 

Ana 

Foto: Dominik Scythe

 

 

 
 

 

 

 

 

 

Mi recomendación

Qué exquisitez de libro. 

Una novela epistolar que narra la vida de una mujer de 73 años, abogada retirada y madre que utiliza las cartas para dar sentido a su mundo.